La guía de Dios. Primera parte
“TE ENSEÑARÉ Y TE MOSTRARÉ EL CAMINO; TE ESTARÉ OBSERVANDO Y SERÉ TU GUÍA” (Salmos 32:8 PDT)
Antes de explicar en qué consiste la guía divina, aclaremos lo que no es:
1) No es “el último recurso”. No solemos pensar mucho acerca de la guía espiritual hasta que enfrentamos cuestiones fundamentales como la elección de esposo/a, qué casa comprar o en qué acciones invertir. La guía espiritual no es una línea directa de emergencia. La clave para saber si deseas la voluntad de Dios radica en la pregunta ‘¿Con cuánta frecuencia busco la guía de Dios cuando no tengo dificultades?’
2) No es algo para unos pocos privilegiados. En el Antiguo Testamento Dios hizo que un burro hablara (véase Números 22:28). Ahora bien ¿qué hubiera pasado si al asno se le hubieran subido los humos y hubiera pensado que era de una casta espiritual superior a la de los demás cuadrúpedos?
3) No es una excusa para no hacer nada. Alguien dijo que decidió no solicitar cierto empleo porque conseguirlo sin intentarlo sería una señal de la voluntad de Dios. ¿Significa que todo lo que pasa como consecuencia de nuestra pasividad es la voluntad de Dios? No. Eso es como sentarse en el medio de la autopista y decir ‘Si no me atropella ningún coche entiendo que es la voluntad de Dios y no yo actuando en la carne’.
4) No es jugar a lo seguro. A veces no buscamos guía sino seguridad. Sin embargo la toma de decisiones puede
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