Deja de quejarte. Primera parte
“HACEDLO TODO SIN QUEJAS...” (Filipenses 2:14 CST)
Un hombre se acercó a la oficina de Correos y le dijo a una empleada: ‘No sé escribir. ¿Le importaría ponerle la dirección por mí?’. Después de que esta así lo hiciera y escribiera la tarjeta por él, le preguntó si deseaba algo más. El hombre respondió: ‘Sí, por favor añada una posdata al final que diga: “Disculpa la mala letra”’ ¡Vaya manera de agradecer! La Biblia dice: “Hacedlo todo sin quejas...” (Filipenses 2:14 CST). Cuando no es así, acabas:
1) Hiriéndote a ti mismo. La queja conduce al enojo y a la depresión. Dios te ama y no quiere que te hagas daño.
2) Hiriendo a Dios. La queja pone en duda el cuidado de Dios, Su carácter y Su capacidad. En realidad es como si le estuvieras diciendo: ‘Señor, ¡la has “embarrado”! Tuviste una oportunidad para suplir mis peticiones y elegiste no hacerlo’.
3) Hiriendo a los demás. Tus palabras afectan a las personas a tu alrededor y a nadie le gusta pasar tiempo con aguafiestas. Quejarnos en un momento dado satisface nuestra naturaleza egoísta, pero no cambia nada. Cuando te quejas, expones algo que te perjudica y que no te aporta nada positivo. La Biblia dice: “Un día, el pueblo se quejó de sus penalidades...” (Números 11:1 CST).
Lo bueno es que no naciste quejándote, sino que empezaste “un día”; pues bien, por la gracia de Dios, también puedes empezar a ser agradecido. Una vez que reconozcas esa costumbre de protestar y de encontrarle fallos a
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